LOS TRAJES TRADICIONALES LLENARON DE COLORIDO LAS CALLES DE LAREDO

La XII Concentración de Trajes Tradicionales de Cantabria, promovida por la Asociación Cultural “Son de Laredo”, convirtió el domingo las calles pejinas en un centro de interpretación al aire libre de las vestimentas que siglos atrás marcaron el día a día de nuestra región. La recreación folclórica con motivo de la festividad de San Antonio también se hizo extensiva al ámbito musical, donde distintas agrupaciones contribuyeron con panderetas, gaitas, pitus, tambores y rabeles a difundir una riqueza que forma parte del legado de nuestros antepasados.

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La plaza de la Constitución se convirtió poco después de las once de la mañana en el punto de encuentro entre colectivos llegados de todas las comarcas cántabras. Su indumentaria evidenciaba la procedencia campesina o marina de sus portadores, contribuyendo a divulgar un patrimonio arrinconado por el auge de las nuevas modas y usos en el vestir popular. A los pies del antiguo Ayuntamiento arrancó un desfile que se adentró en las rúas de la Puebla Vieja camino de la iglesia de Santa María. Allí tuvo lugar la tradicional misa mayor en la que los atuendos pusieron un inusitado toque de color en un templo que se recrea en la elegante sencillez de sus piedras.

Finalizado el acto religioso, el cortejo retomó sones y ritmo para descender hacia la calle Emperador camino del monumento a la Panchonera. La comitiva rodeó la Alameda de Miramar para sorpresa y admiración de los transeúntes que se toparon con ella.

La novedad llegó en esta edición con la participación de la asociación “Alegría Portuguesa de la Gironde”. Un colectivo procedente de la villa francesa de Cenon, de cuyo hermanamiento con Laredo se cumplen 25 años, y que quiso sumarse con sus atuendos típicos y sus propios instrumentos a una celebración en la que sus danzas y vestimenta no pasaron desapercibidas.
Cumplido el protocolario homenaje a las mujeres de la mar, los presentes retornaron a las escalerillas de acceso a la Ruamayor, donde todos quedaron retratados en una multitudinaria foto de familia. No menos masiva resultó la comida popular preparada y servida por los propios integrantes de “Son de Laredo” y que tuvo en una sabrosa marmita su base principal. Tras ella llegaron los consabidos bailes, a los que hubo quien se sumó sobre sus albarcas, mientras otros danzaban sin soltar esos cuevanucos que, aun vacíos, tienen la capacidad de condensar gran parte del encanto de una tradición que goza de buena salud.